EL ALMA TE CUENTA

Unas cuantas palabras son capaces de crear un universo de sensaciones.

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Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la barba, como de costumbre. En estos casos entabló una amena conversación con la persona que le atendía. Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas. De pronto, tocaron el, tema de Dios. El barbero dijo: Fíjese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice. - Pero, por qué dice usted eso? – pregunta el cliente. Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe. O…dígame, acaso si Dios existiera, habría tantos enfermos? Habría niños abandonados? Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas. El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero termino su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería, vio en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo; al parecer hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado. Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero. - Sabe una cosa? Los barberos no existen. - ¿Cómo que no existen? -pregunta el barbero-. Si aquí estoy yo y soy barbero. – No! -dijo el cliente-, no existen, porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle. - Ah, los barberos si existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mi. - Exacto! -dijo el cliente-. Ese es el punto. Dios si existe, lo que pasa es que las personas no van hacia él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria. Juan 14:6 “Jesús le dice: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí.

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El artículo de diciembre pasado "Escuchar y responder" provocó que alguien me pidiera cuáles son las voces de la infancia que el educador debe percibir y a las cuales ha de responder. He tenido ocasión repetidamente de escuchar qué reclamaban desde sus necesidades unos adolescentes a aquéllos quienes de alguna manera, tienen sobre ellos una misión educativa, los mayores, como dicen ellos. A partir de todo lo que he podido escuchar, voy a intentar proponer unas actitudes y unas cualidades que, en mi opinión, son necesarias para todo buen educador.

Un educador debe tener ganas de vivir y tiene que demostrar que el peso de la vida no le resulta insoportable hasta el punto de hacerle arrastrar los pies con un gesto cansado. Mal trabajo haría el educador que dejase entrever que sólo vive porque no le queda otro remedio.

¿Cómo quiere animar para la vida si todo el mundo se da cuenta de que el sólo vivir es un aburrimiento? Peor sería todavía, si el chico se diera cuenta de que es la escuela aquello que le fastidia.

Un educador no debe dar miedo, porque el miedo impide la confianza, y sin confianza no hay educación posible. Da miedo:



- Aquél que enjuicia.

- Aquél que castiga sin razón.

- El que se muestra irónico.

- Aquél que adrede hace quedar mal.

- El que se ríe de los demás.

- Aquél que lo sabe todo.

- Aquél que es perfecto.

- Aquél que nunca comete errores y siempre tiene razón.

- Aquél que no comprende las debilidades de los demás.

- La persona demasiado ordenada.

- La persona que no duda nunca.

- Etc.



Un educador no debe ser pegajoso (plomo), las personas pegajosas sólo atraen personas con necesidad de apego. El interés que debe mostrar hacia los chicos ha de ser un interés desinteresado.

Un educador debe querer la verdad y debe notársele. Los alumnos no han de tener la impresión de tener que ganarse la estimación del educador ni tener que merecerla. La gratuidad y la incondicionalidad de la estimación es una condición indispensable para una buena tarea educativa. Los chicos no pueden vivir con el miedo en el corazón de si serán queridos o no. El educador que deja entrever ciertas predilecciones, <> por las razones que sean, cierra toda posibilidad de confianza y sólo atrae a los aduladores.

El educador tiene que ser amablemente exigente y ha de tener el tacto de hacer ver la exigencia como una valoración y como consecuencia de la estima verdadera.

El educador tiene que tener tiempo. El alumnado ha de saber que es el centro de todo el proyecto educativo, tiene que darse cuenta que no hay nada que valga tanto como ellos. El tiempo es de las cosas que más vale, pero uno es más importante que el tiempo y así se le debe demostrar.

Para facilitar que los chicos hablen, el educador tiene que tener la convicción de que escuchar no le resultará ni fácil ni cómodo y ha de saber despojarse de la manía de los adultos de resolver problemas. El miedo de hablar, que hemos encontrado en muchos jóvenes, viene, muchas veces, del hecho de haberse encontrado con personas que son máquinas de soluciones pero que no saben escuchar los problemas. Si el educador tiene la idea de que hablar sirve sólo para hacer ver a otro que no sabe, mal parado va. Todo o casi todo lo que el chico le puede explicar, él ya lo sabe; escucharlo, pues, lo tendrá por una pérdida de tiempo, se pondrá nervioso, y se le notará. Luego los chicos callarán.

El educador no ha de querer ser como ellos, me parece que nunca me he encontrado con ningún joven que reclame que los mayores sean como ellos. De uno que es como ellos, no aprenderán nada nuevo.

Tampoco ha de pretender, hacerlos como él es.

El educador debe saber que no hay gestos neutros delante de los chicos y de que no existen palabras sin importancia.

Con la excusa corriente de que el espacio no da para más, cierro esta lista. De todas maneras, quisiera añadir una cosa. Un buen educador es difícil de hacer, pero si además de educar ha de ser un buen testimonio, no hace falta añadir, que la dificultad aumenta.

MIGUEL ESTRADÉ

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En cierta ocasion durante una charla que di ante un grupo de abogados, me hicieron esta pregunta: "Que es lo mas importante que ha hecho en su vida?".
La respuesta me vino a la mente en el acto, pero no fue la que di, porque las circunstancias no eran las apropiadas. En mi calidad de abogado de la industria del espectaculo, sabia que los asistentes deseaban escuchar anecdotas sobre mi trabajo con las celebridades. Pero, he aqui la verdadera, la que surgio de lo mas recondito de mis recuerdos. Lo mas importante que he hecho en la vida tuvo lugar el 8 de Octubre de 1,990. Mi madre cumplia 65 anos, y yo habia viajado a casa de mis padres en Massachusetts, para celebrar con la familia. Comence el dia jugando con un excondiscipulo y amigo mio al que no habia visto en mucho tiempo. Entre jugada y jugada conversamos acerca de lo que estaba pasando en la vida de cada cual.
Me conto que su esposa y el acababan de tener un bebe, y que el pequeno los mantenia en vela todas las noches. Mientras jugabamos, un coche se acerco haciendo rechinar las llantas y tocando el claxon con insistencia.
Era el padre de mi amigo, que consternado, le dijo que su bebe habia dejado de respirar y lo habian llevado de urgencia al hospital.
En un instante mi amigo subio al auto y se marcho, dejando tras de si una nube de polvo.
Por un momento me quede donde estaba, sin acertar a moverme, pero luego trate de pensar que debia hacer. ?Seguir a mi amigo al hospital?
Mi presencia alli, me dije, no iba a servir de nada, pues la criatura seguramente estaria al cuidado de medicos y enfermeras, y nada de lo que yo hiciera o dijera iba a cambiar las cosas.
¿Brindarle mi apoyo moral?
Bueno, quiza.
Pero tanto el como su esposa provenian de familias numerosas y sin duda estarian rodeados de parientes que les ofrecerian consuelo y el apoyo necesarios pasara lo que pasara. Lo unico que haria seria estorbar.
Ademas habia planeado dedicar todo mi tiempo a mi familia, que estaba aguardando mi regreso. Asi, decidi reunirme con ellos e ir mas tarde a ver a mi amigo.
Al poner en marcha el auto que habia rentado, me percate que mi amigo habia dejado su camioneta, con las llaves puestas, estacionada junto a las canchas. Me vi entonces ante otro dilema: no podia dejar asi el vehiculo, pero si lo cerraba y me llevaba las llaves, ?que iba a hacer con ellas?.
Podia pasar a su casa a dejarlas, pero como no tenia a la mano ni un papel para escribirle una nota, no podria avisarle lo que habia hecho.
Decidi pues ir al hospital y entregarle las llaves.
Cuando llegue, me indicaron en que sala estaban mi amigo y su esposa, como supuse, el recinto estaba lleno de familiares que trataban de consolarlos.
Entre sin hacer ruido y me quede junto a la puerta, tratando de decidir que hacer. No tardo en presentarse un medico, que se acerco a la pareja y, en voz baja les comunico que su bebe habia fallecido, victima del sindrome conocido como muerte en la cuna.
Durante lo que parecio una eternidad, estuvieron abrazados, llorando, mientras todos los demas los rodeamos en medio del silencio y el dolor.
Cuando se recuperaron un poco, el medico les pregunto si deseaban estar unos momentos con su hijo. Mi amigo y su esposa se pusieron de pie caminaron resignadamente hacia la puerta.
Al verme alli, en un rincon, la madre se acerco, me abrazo y comenzo a llorar.
Tambien mi amigo se refugio en mis brazos. "Gracias por estar aqui" me dijo.
Durante el resto de la manana permaneci sentado en la sala de urgencias del hospital, viendo a mi amigo y a su esposa sostener en brazos a su bebe y despedirse de el. Eso es lo mas importante que he hecho en mi vida.
Aquella experiencia me dejo tres ensenanzas:
PRIMERA: Lo mas importante que he hecho en la vida ocurrio cuando no habia absolutamente nada que yo pudiera hacer. Nada de lo que aprendi en la universidad, ni en los seis anos que llevaba ejerciendo mi profesion, me sirvio en tales circunstancias. A dos personas a las que yo estimaba les sobrevino una desgracia, y yo era impotente para remediarla.
Lo unico que pude hacer fue acompanarlos y esperar el desenlace. Pero estar alli en esos momentos en que alguien me necesitaba era lo principal.
SEGUNDA: Estoy convencido que lo mas importante que he hecho en mi vida estuvo a punto de no ocurrir debido a las cosas que aprendi en la universidad y en mi vida profesional. En la escuela de derecho me ensenaron a tomar los datos, analizarlos y organizarlos y despues evaluar esa informacion sin apasionamientos.
Esa habilidad es vital en los abogados.
Cuando la gente acude a nosotros en busca de ayuda, suele estar angustiada y necesita que su abogado piense con logica.
Pero, al aprender a pensar, casi me olvide de sentir.
Hoy, no tengo duda alguna que debi haber subido al coche sin titubear y seguir a mi amigo al hospital.
TERCERA: Aprendi que la vida puede cambiar en un instante. Intelectualmente, todos sabemos esto, pero creemos que las desdichas les pasan a otros. Asi, pues hacemos planes y concebimos nuestro futuro como algo tan real que pareciera que ya ocurrio. Pero, al ubicarnos en el mañana dejamos de advertir todos los presentes que pasan junto a nosotros, y olvidamos que perder el empleo, sufrir una enfermedad grave, toparse con un conductor ebrio y miles de cosas mas pueden alterar ese futuro en un abrir y cerrar de ojos.
En ocasiones a uno le hace falta vivir una tragedia para volver a poner las cosas en perspectiva. Desde aquel dia busque un equilibrio entre el trabajo y la vida.

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Dos monjes iban caminando por el campo al atardecer; mientras caminaban, oraban y reflexionaban.
Un poco antes de acercarse a un río que tenían que cruzar, el cual no tenía puente para hacerlo, se les acercó una mujer muy guapa, pidiéndoles que le ayudaran a cruzar el río.
Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el otro lo veía con mirada de desaprobación.
El que se apuntó para ayudar a la bella mujer la subió en sus hombros y terminado el río la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese monje.
Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la decisión empezó a reclamarle al monje que ayudó a la mujer a cruzar el río acerca de su comportamiento: "¿Por qué subiste a esa mujer a tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos tienen prohibido mantener contacto con mujeres?"
El monje que había ayudado a la mujer no respondía a las preguntas del otro monje.
Siguieron su camino y el monje insistía en sus preguntas, a lo que el otro monje no respondía.
Poco antes de llegar al convento, el monje le volvió a cuestionar acerca de lo que había hecho y por fin el monje respondió:
"Hace más de cuatro horas que esta mujer ya no está cerca de mi cabeza, pero sigue en la tuya. ¿Qué ganas con hacerte daño al tener en tu mente cosas del pasado?, ¿qué ganas con tener en tu mente cosas que a ti no te afectan?

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Un día como cualquiera, un padre de una familia adinerada llevó a su hijo a un viaje por el campo con el firme propósito que su hijo viera cuan pobre era la gente que vive en el campo.

Estuvieron pasando todo el día y la noche en una granja de una familia campesina muy humilde.

Al concluir el viaje, ya de regreso a casa, el padre le pregun­ta a su hijo:

Padre: ¿Qué te pareció el viaje?

Hijo: Muy bonito, papa

Padre: ¿Viste lo pobre que puede ser la gente?

Hijo: Si

Padre: ¿Y qué aprendiste?

Hijo: Vi que nosotros tenemos un perro en casa, ellos tienen cinco. Nosotros tenemos una piscina larga hasta a la mi­tad del jardín, ellos tienen un arroyo que no tiene fin. Nosotros tenemos lámparas importadas en el patio, ellos tienen las estrellas. Nuestro patio llega hasta la muralla de la casa, el de ellos tiene todo un horizonte. Ellos tienen tiempo para conversar y convivir en familia, tú y mi mamá tienen que trabajar todo el día y casi nunca los veo.

Al terminar el relato, el padre se quedó mudo, y su hijo agregó:

Gracias papá, por enseñarme lo ricos que podemos lle­gar a ser!!!

YO

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Medellin, Antioquia, Colombia
Existe un mundo paralelo al nuestro, el cual tiene un punto de vista diferente al que estamos viendo.

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